Recordando a Marcelo

por David Warner

La infancia de Marcelo

Yo conocí a Marcelo cuando el tenia 3 años de edad, en la pequeña aldea llamada el Caballo de Arriba, ubicada el lo alto de la Sierra Madre Occidental de México, a dos días de camino en mula de la carretera mas cercana. Esto ocurrió en los últimos años de la década de los sesentas, en los primeros días del Proyecto Piaxtla, un programa dirigido por los residentes de la aldea, el cual yo ayude a fundar en esta área remota. Yo estaba haciendo los recorridos de las pequeñas aldeas como la primera etapa para llevar acabo un programa de vacunación para proteger a los niños en contra de enfermedades contagiosas de la niñez. En esos días esas aflicciones fácilmente preventivas—sarampión, difteria, tos, tétano, y polio—estaban causando un nivel alto de enfermedades, muerte y discapacidades. Cuando llegue a la aldea, después de muchas horas de andar por las veredas angostas y empinadas de la sierra alta, yo recuero haber parqueado me mula cansada a un lado de una choza de adobe, ubicada en el bordo de un barranco profundo. Sentado en el frio, a un lado de la entrada de la choza, estaba un niño pequeño. Sus piernas largas y débiles estaban discapacitadas por el polio. Sus padres me invitaron a entrar, y pronto la familia se convirtió en unas de las familias más participativas en promover el programa de vacunación en su aldea. En pocos años, con la ayuda de familias como la de Marcelo, cientos de millas cuadradas de la región aislada y montañosa estaba completamente inmunizada. Verdaderamente, con la participación de la gente local, polio fue completamente eliminada de los lugares más remotos de la Sierra Madre cuatro años antes de que fuera controlada en las ciudades.

Para niños como Marcelo, no obstante, los beneficios de la vacunación en contra del polio llegaron muy tarde. Cual seria el futuro de un niño pequeño con piernas paralizadas, en una aldea donde las personas se ganan su vida cultivando en los lados de las montañas empinadas? Ni siquiera había una sola escuela en la aldea. Tampoco, en esos días principales, nuestro programa de salud en las aldeas tenía la habilidad o equipo para responder adecuadamente a las necesidades de los niños discapacitados. Sin embargo, nosotros hicimos lo que pudimos.

Nosotros ayudamos a Marcelo a que aprendiera a caminar en muletas. Porque su desarrollo mental era importante para encubrir la debilidad de su cuerpo. Cuando el tenia 12 años de edad, nosotros hicimos los arreglos para que el ingresara a estudiar en un programa de “educación para adultos,” localizado en la aldea mas grande de Ajoya, donde estaba basado el programa de salud Piaxtla. Afortunadamente el niño tenía una mente buena y mucha motivación. El recibió su diploma de primaria en menos de un año.

Eso año coincidió siendo un año después del Día Internacional del Nino (1978). Marcelo tomo la responsabilidad de motivar a otros niños de la aldea a hacer contribuciones únicas para la sobrevivencia del niño—mundialmente—es decir a la prevención de muertes provocadas por la diarrea. Porque la deshidratación ocasionada por la diarrea es una de la causas de mayor mortandad infantil mundial, el proyecto Piaxtla había trabajado duro desarrollando una forma sencilla para que las familias pudieran combatir deshidratación a un bajo costo, en la sus propias casas. Con este fin, los trabajadores de la salud habían inventado una cuchara para mesclar la medida adecuada de azúcar y sal en un baso lleno de agua, a bajo costo, una bebida rehidratante con el potencial de poder salvar vidas.

Las cucharas podían fácilmente hacerse de tapas de botellas viejas y latas de jugo o cerveza chatarras (las cuales para bien o para mal están universalmente disponibles). Si los niños alrededor pudieran aprender a hacer esas cucharas para prepararse una “bebida especial” hecha en casa cuando sus hermanos y hermanas les de la diarrea, nosotros nos imaginamos que ellos pudieran salvar mas vidas de infantes enfermos que ni todos los doctores juntos. El problema era como enseñarlos a hacer las cucharas. Nosotros intentamos haciendo hojas con instrucciones, pero a los niños se le izo muy complicado. Lo que ellos necesitaban era un ejemplo de las cucharas para poderlo detener en sus manos y decir, “Yo puedo hacer esto! Es fácil!” Así que, Como contribución al Año del Niño, los niños estudiantes de Ajoya produjeron de forma masiva miles de esas cucharas simples. El joven Marcelo estuvo al frente guiando ese esfuerzo. El también enseño a otros niños a hacerlas, y fabrico miles por si solo. Nosotros mandamos las cucharas a la oficina central del programa Nino-a-Nino en Inglaterra y de allí se enviaron a escuelas de países en desarrollo.

Después de que Marcelo recibió su certificado de primaria, el equipo de Piaxtla lo invito a entrenarse como trabajador de la salud en la aldea. A la edad de 14 el regreso a su aldea remota, El Caballo, y por los 2 1/2 siguientes el sirvió a la comunidad como promotor de la salud. La gente pronto lo empezó a sentir gran respeto por el. El trabajaba sin cansancio, desde vacunando niños, cociendo heridas, y asistiendo a mujeres a dar a luz. A pesar de su discapacidad, el siempre se esforzó para ayudar a aquellos mas necesitados. Incluso durante tormentas o en la noche, el apresurado, por las veredas empinadas, salía con sus muletas para llegar a la choza distante que necesitara emergencia médica. Todos aprendieron a apreciar su habilidad, y a prestar muy poca atención a su discapacidad.

Marcelo ayuda a iniciar el PROJIMO.

Marcelo continuo sirviendo en la aldea como promotor de la salud hasta 1980, cuando el PROJIMO, un programa de rehabilitación de la comunidad administrado por aldeanos discapacitados, empezó a crecer del programa de salud de Piaxtla. Marcelo, ya 17 años de edad, regreso a Ajoya para convertirse en un miembro de la fundación del nuevo programa. Como usador de muletas, el tenia las manos fuertes y hábiles. Debido a estas características, los miembros del equipo pensaron que el podría convertirse en un buen fabricante de prótesis, y soportes. Marcelo estaba ansioso por intentar. Intermitente durante el siguiente par de años, el estuvo como aprendiz en los talleres de prótesis y ortoticos en México y California. Con la ayuda adicional que el obtuvo como visitante voluntario de ortotistas y prostetistas, gradualmente el se convirtió en un fabricador talentoso de soportes y prótesis.

A pesar de que Marcelo solo recibió un año de escuela formal y ninguno de capacitación técnica, el hacia un trabajo excelente fabricando soportes y otros aparatos ortopédicos. De echo, por un numero de años, el estuvo “pluriempleado” como fabricante de soportes, prótesis y ortostilos para CREE, el Centro de Rehabilitación y Educación Especial altamente profesional de la capital del estado. El director de CREE dijo que la calidad del trabajo de Marcelo excedía los protestics y ortotestics intitulados de la ciudad. Yo estoy convencido que esto sucedía por la razón de que Marcelo siempre dedico tiempo extra y cuidado necesario para asegurarse que los aparatos quedaran bien y fueran óptimamente adaptados a las necesidades individuales del individuo.

Marcelo era un artesano habilidoso, un maestro de la artesanía. Pero a pesar de sus habilidades y talentos, el siguió siendo una persona muy humilde y caritativa. El se llevaba bien con todos. A pesar de abandonar la opción de liderazgo formal en el PROJIMO, el era un excelente arbitro y pacifista. En las juntas el hablaba poco, pero escuchaba a todos. Cuando el hablaba—siempre callado y conciso—todos escuchaban lo que el tenia que decir—y las disputas tendían a hacer resueltas amistosamente.

Con todos—pero especialmente con aquellos mas pobres o con mas necesidad—Marcelo siempre se tomo el tiempo y dedicación para asegurarse que los aparatos ortopédicos que el hacia fueran meticulosamente adaptados a las necesidades individuales de la persona. El era remarcablemente creativo en la solución de problemas. El ser victima de una deseabilidad física, sin duda alguna, le permitió sentir empatía por los otros y podía comprender con perspicacia sus necesidades.

Una vez un niño de 5 años, llamado Lino, quien sufría de espina bífida, fue traído al PROJIMO. El niño había aprendido a caminar con un andador, y Mari, la coordinadora del programa, sintió que el ya debería de estar disponible a caminar con muletas. Pero lino tenía miedo. Después de todo, las muletas son más inestables que un andador; ellas tiemblan de un lado para otro y un niño con inseguridad o desequilibrio al caminar puede caerse fácilmente. Marcelo lo asocio con su niñez y recordó que tan pavoroso esto podría ser. Así que el invento para Lino un caminador que gradualmente se convertiría en muletas, sin ninguna transición repentina y frustrante.

El caminador consistía de dos antebrazos, los cuales estaban conectados con dos puntales atravesados ajustados con tornillos y con tuercas estilo mariposa. De esta manera, las tuercas se podía aflojar gradualmente para hacer le caminador un poco mas inestable. Luego, una después de otra, las piezas que cruzaban para darle soporte al andador se podían quitar—hasta que quedaran las puras muletas. Este tipo de innovaciones, el cual Marcelo adapto las preocupaciones y miedos del niño con empatía y creatividad, era lo que caracterizaba a Marcelo.

El Matrimonio y Familia de Marcelo.

Cuando Marcelo regreso a Ajoya como trabajador de rehabilitación, el se hospedó con una familia que tenia un hijo con epilepsia, quien era un aprendiz en el taller de sillas de ruedas del PROJIMO. También ahí vivía la nieta, llamada Chayo, del dueño de la casa. Marcelo y Chayo habían sido compañeros de juegos desde la primera vez que el se quedo en Ajoya, años antes. Ahora Marcelo tenía 17 años de edad y Chayo 14—y los dos se enamoraron.

Aunque la abuela de Chayo, doña Adelina, se había casado cuando ella tenía 14 años de edad, sentía que ellos estaban muy jóvenes para ser novios. Pero la oposición más fuerte de doña Adelina era que ella no quería que su nieta se casara con un “chueco” (un torcido; un lisiado). Había mucha discriminación en contra de los deshabilitados en esos días. Así que doña Adelina hizo lo mejor que pudo para mantener los dos jóvenes separados. Ella le prohibió a Chayo salir sin una chaperona—y cuando ella descubría la muchacha saliéndose a las escondidas la golpeaba. El día llego cuando la pareja decidió fugarse. Ellos se escondieron por tres días y noches en una casa baldía. En el cuarto día, mucho antes del amanecer, se salieron a pie—Marcelo con sus muletas—hacia arriba del rio para su casa remota, el Caballo de Arriba, unas cuarenta millas de tierra desértica (60 kms.). Marcelo había hablado con sus hermanos para que lo vinieran a encontrar a la mitad del camino con mulas, en las cuales ellos terminarían su viaje.

Como a media mañana la voz en cierta forma le llego a Doña Adelina de que la pareja fugitiva había sido vista en la vereda. Al mismo tiempo del suceso, un escuadrón de soldados antinarcóticos se encontraba campando en Ajoya. Adelina le informo al capitán del escuadrón que Marcelo se había “robado” a su hija, quien aun era una menor de edad, y el capitán mando una camioneta llena de soldados en búsqueda de ellos, rio arriba.

Los soldados se acababan de ir cuando yo me entere de lo que estaba ocurriendo, y me apresure a tratar de convencer a Doña Adelina para que les dijera a los soldados que no los buscaran. Después de todo, casarse a los 14 años no era nada nuevo en esos días, y los dos jóvenes se amaban claramente. Pero Doña Adelina, con lágrimas en sus ojos, insistía que ella no quería que su nieta se quedara con un chueco. Yo me mantuve argumentando que la deseabilidad no importaba. Marcelo era un artesano gentil, noble y con un buen corazón. Y como bonos, el no era un borracho. Estas combinaciones eran difíciles de encontrar en los jóvenes, y más aun en adultos, quienes pudieran cortejar a su nieta.

Finalmente pude convencer a Doña Adelina, y me autorizo que les dijera a los soldados que cancelaran la búsqueda.

De inmediato brinque adentro de la camioneta vieja Blazer del PROJIMO y maneje lo más rápido que me atreví hacer rio arriba por la pista pedregosa, con la esperanza de alcanzar a los soldados antes de que ellos alcanzaran a los fugitivos.

Llegue muy tarde. Cuando yo estaba como a unos 12 kilómetros rio arriba, yo note una nube de polvo delante de mi, hacia donde yo estaba. Eran los soldados, misión cumplida. Como nuestros carros se aproximaban, yo les señale que pararan. Marcelo, con las manos amarradas atrás de el, estaba sentado en la cajuela de la camioneta. Chayo, mas enojada que asustada, estaba enseguida de el.

Les dije a los soldados, “Doña Adelina dice que los dejen ir! Ella esta de acuerdo que ellos sean pareja.” Los soldados se rieron ampliamente y con gusto desataron a su cautivo. Marcelo y Chayo se montaron en mi Blazer.

Ese fue el principio de un matrimonio largo y memorable. Por medio de los años Chayo y Marcelo tuvieron cinco niños—todos varones—y todos con diferentes personalidades y talentos.

Marcelo fue uno de los padres más talentoso, gentil y dedicado que yo e conocido. El trato a todos sus hijos igual desde que ellos eran pequeños. A ellos les encantaba tomar un viaje con su papa en su triciclo de mano. De la edad de 3 o 4 ellos lo acompañaban al taller de prótesis del PROJIMO, donde ellos se sentaban en la banca a platicar y juguetear con el mientras el trabajaba. Solo algunos padres de familia son tan devotos a sus hijos como lo fue Marcelo, y son pocos los hijos que se apegan tanto a sus padres.

Marcelo me persuade a usar soportes

Yo personalmente me beneficie de la asistencia cuidadosa de Marcelo—aunque al principio yo muy tercamente me opuse. Yo sufro de una atrofia muscular hereditaria, la cual ha causado parcialmente parálisis en mis manos y extremidades inferiores. Cuando yo era niño, fue forzado a usar aparatos ortopédicos, y ellos me causaron mucho dolor y daño. Así que cuando crecí lo suficiente para poder tomar decisiones de mi vida (a los 14 años de edad), yo deje de usarlos. A pesar de que mi forma de caminar se convertía gradualmente mas incomodo, yo me negué a usar aparatos ortopédicos.

Décadas después, al verme cojeando cruzando la yarda, Marcelo dijo, “David, yo creo que tu puedes caminar mejor si te adaptáramos unos soportes de plástico.”

A lo cual yo conteste, “no, absolutamente no! Ya fui torturado lo suficiente con soportes en mi niñez.”

Pero Marcelo dijo, “Tal vez los soportes no te funcionaron porque los especialistas no trabajaron junto contigo para averiguar lo que tu realmente necesitabas.” Asi que tuve que aceptar.

“Que tal si tu y yo trabajamos juntos, experimentando hasta que podamos crear algo que realmente funcione para ti. Y si los soportes no funcionan como a ti te gustaría, no los uses. Yo no me sentiré ofendido.”

Que podía yo decir? Así que Marcelo y yo decidimos empezar a hacer los soportes juntos. Con nuestras cuatro manos, nosotros hicimos los moldes de mis pies. Luego Marcelo hizo los soportes de prolipropileno, y después nosotros trabajamos juntos en ellos hasta que ellos quedaran bien y brindaran soporte exactamente donde se necesitaba.

Como resultado, ahora camino mejor que hace treinta años —gracias a un aldeano deshabilitado que estuvo dispuesto a trabajar conmigo como compañero equitativamente.

Una historia similar con la pierna nueva de mi hermano.

Unos cuantos años después Marcelo también ayudo a mi hermano poder caminar mejor. Mi hermano Ricky, quien tiene la misma discapacidad que yo, vivía en una pequeña choza en New Hampshire, en el norte de USA. El era muy pobre. Un día, saliendo de la cocina de una iglesia, un carro lo atropello, y perdió su pierna. Como el tenia mas de 65 años, Medicare cubrió su tratamiento. Le diseñaron una próstesis muy costosa. Necesitaba una serie de ajustes. Pero por cuestiones burocráticas los ajustes que se le deberían hacer al siguiente día, se retrasaron por meses. Un año y medio paso y mi hermano aun no tenía una próstesis usable.

En desesperación, yo lleve a mi hermano a PROJIMO. Allá Marcelo le hizo una pierna artificial. Día a día, Marcelo trabajo con mi hermano haciendo los ajustes necesarios. Luego, Marcelo lo enseño a caminar, empezando en barras paralelas, y después en muletas. Finalmente, con la ayuda de Marcelo, mi hermano aprendió a subir y bajar escalones.

Así que fue Marcelo—con mi hermano como lo fue conmigo—quien tuvo éxito donde los profesionales entrenados y el sistema medico sofisticado del los Estados Unidos fallo. Esto no fue debido a que el tuviera mas experiencia técnica, pero porque el tenia mas corazón; fue porque el y mi hermano trabajaron como amigos equitativamente en el proceso para solucionar problemas.

La familia de Marcelo se mueve a la capital del estado

PROJIMO siempre ha operado con un presupuesto limitado. Para Marcelo, con su salario modesto, no fue fácil alimentar siete bocas. Chayo hizo lo mejor que pudo para suplementar el salario total de la familia: horneando pan y haciendo otro tipo de trabajos, pero en la pequeña aldea de Coyotitan había un límite en los ingresos que ella podía ganar. Así que en el 2005 Chayo se mudo con su hijo menor a la ciudad de Culiacán, donde ella podría ganar mas dinero trabajando en un restaurant. Por casi un año, Marcelo se quedo en la aldea de Coyotitan y continuo haciendo el trabajo que el amaba en PROJIMO. Pero el desesperadamente extrañaba a sus hijos. Al final termino dejando PROJIMO para reunirse con su familia en Culiacán. Allá, el se empleo haciendo aparatos ortopédicos para Mas Validos, un programa de Rehabilitación con Bases Comunitarias, el cual empezó en los últimos años de los ochentas y fue fundado por dos personas discapacitadas “graduadas” del PROJIMO. Pero antes de salirse del programa, Marcelo entreno cuidadosamente a Alberto, un joven amputado, a hacer prótesis. La primera prótesis que Alberto hizo, bajo la supervisión de Marcelo, fue la de el.

Marcelo y su familia vivían más o menos bien en Culiacán. A pesar de que los gastos allí eran más elevados que ni los de la aldea, los ingresos de Chayo y Marcelo juntos eran suficientes para mantener a los niños en la escuela y pagar sus gastos regulares. Gradualmente ellos fueron reparando la casa grande y vieja a la cual se habían mudado. Marcelo instalo en uno de los curtos traseros de la casa un pequeño taller para hacer prótesis. La familia era pobre pero muy unida y en gran parte ellos eran felices.

Después, en Abril del 2008, Marcelo empezó a sentir dolores de cabeza. Día a día esos dolores empeoraban. Incluso llego hasta el punto de que el no podía dormir ni comer. Exámenes médicos y rayos-x mostraron el tumor cerebral maligno que el tenia, el cual ya se había extendido hacia los pulmones. El decayó muy rápido.

Escuadrones de familia y amigos visitaron a Marcelo en el hospital. Pero a sus hijos menores de edad se le prohibió verlo ahí—lo cual izo incluso mas duro tanto para el como para sus hijos. Fue entonces que el y Chayo tomaron una decisión difícil. Con la ayuda de sedantes y analgésicos, Marcelo pudo regresar a su casa por unos días. Durante esos últimos días sus hijos estuvieron con el constantemente, e incluso en las noches se subían a su cama con el.

Cuando la situación de Marcelo se empeoro—y muy apenas podía hablar o levantar su cabeza—pidió que lo llevaran para el hospital de nuevo, primeramente porque el no quería que sus hijos lo vieran deteriorándose. Solo unos días después, Chayo deteniendo su mano, el paro de respirar.

Una Reflexión

Que es lo que contribuye a que un niño visiblemente discapacitado se convierta en un adulto extraordinariamente hábil y compasivo? En estos tiempos difíciles y peligrosos, esa es una pregunta que merita nuestra atención.

Nosotros vivimos en una era donde muy constantemente las decisiones claves que le dan forma a nuestro futuro colectivo están hechas por algunos a expensas de muchos. En términos de trabajar colectivamente por el bien de todos, la humanidad ha perdido su humanidad. Socialmente, espiritualmente y ecológicamente nosotros hemos perdido la sensatez. Nuestros líderes nos han guiado a un callejón sin salida. La institucionalización de la codicia y agresión ha perturbado el balance poético de la vida y la luz del sol que nos sostiene. Nosotros estamos en el borde de un punto culmínate, en el que nuestro futuro en este planeta esta en peligro.

No obstante, a pesar de toda esta búsqueda insaciable de auto-mejoramiento que desarmoniza el mundo actual, todavía existen bolsillos de compasión. Todavía hay personas excepcionales que silenciosamente encuentran su satisfacción ayudando a otros. Marcelo era ese tipo de persona. Y es precisamente de donde nuestra especie en peligro depende para sobresalir: personas sin pretensiones, sin malicia, compasivos, inconformistas—personas con diferentes ideales, diferentes filosofías.

Esfuerzos para ayudar a la familia de Marcelo.

La muerte de Marcelo ha sido una pérdida para mucha gente, pero no tanto como a su familia más cercana. El niño más pequeño, Rodrigo, tiene solo cinco años de edad, y cuatro de los cinco niños están en la escuela. Chayo trabaja tiempo completo en un restaurant, y los niños mayores también trabajan—cuando encuentran trabajos. El año pasado el segundo hijo mayor, Jossue, quien todavía sufre de dolores de cuello y espalda de un accidente automovilista mientras atendía a la escuela de leyes se las ingenio, de alguna manera, retener un trabajo de 10 horas al día. La familia todavía se encuentra luchando para poder pagar las deudas relacionadas con las enfermedades y funeral de Marcelo.

Las buena noticia es que uno amigos del PROJIMO y de Marcelo mismo han estado colaborado económicamente con la familia, y sobre todo se han estado asegurando que los niños puedan continuar con sus estudios. Healthwrights ha establecido una cuenta bancaria, de la cual nosotros le mandamos a la familia una cantidad modesta mensualmente para asistirlos en los pagos de las necesidades básicas.

Solicitamos Ayuda

Si solo algunos cuantos mas quien recuerden a Marcelo pudieran hacer una donación—preferentemente en pequeñas cantidades mensuales de forma regular—esto realmente podría hacer una gran diferencia en la familia. Si usted pudiera ayudar, por favor contacte David Warner o Teresa Hernández: healthwrights@ing.org.

Con el propósito de ayudar a la familia a volverse auto-suficiente económicamente, HealthWrights y amigos han estado contribuyendo para establecer un pequeño local para soldar, donde el hijo mayor podrá trabajar para proveer sus servicios a la comunidad. Ellos aprendieron los conocimientos básicos por medio de su padre, quien también tenía mucho del equipo necesario para montar el taller. Pero algo de dinero para cubrir el asentamiento completo del taller todavía se necesita. Si usted estas interesado en contribuir, por favor contáctenos: healthwrights@ing.org.

Se solicitan fotos de Marcelo Nos gustaría pedirles a visitantes anteriores del PROJIMO, quienes tengan fotos de Marcelo, que nos manden unas copias ya bien sean imprimidas o digitales (en CD o como un acoplamiento en el e-mail). Nosotros tenemos la esperanza de poder hacer un álbum de fotos para la familia—y para PROJIMO—en memoria a Marcelo. También, si alguien tiene una memoria en particular de Marcelo, y pudiera escribirla en unas cuantas líneas, esto seria una adición hermosa para álbum.

Muchas gracias a todos los que conocieron y amaron a Marcelo. El tenia una alma única, y tanto su memoria—y su familia—son dignas de conservar.

Workshops For and With Disabled Children in Colombia: A Slideshow Presentation by David Werner

Soon to be available in Spanish!

In our previous Newsletter, we presented the workshops on disability I conducted in Colombia. These are vividly captured in an exciting narrated full-length, full-motion slide show, with many examples and photos of each child.

This new resource is a great teaching/learning aid, with many original ideas. As with all our work, we put the disabled persons and their families at the center of the creative process.

Workshop Schedule

  • Day 1 – Presentations on Community Based Rehabilitation and Independent Living.

  • Day 2 – (Morning) Workshop participants visit the homes of the children.

  • Day 2 – (Afternoon) Small groups work on their plans for the assistive devices.

  • Day 3 – (First hour) Children and family members present their findings and designs.

  • Day 3 – (All day long) The small groups construct and test the assistive device.

  • Day 3 – (Final hour) Presentation of the finished device, evaluations, and conclusions.

The CD is currently available in English. The Spanish edition is in production, and is slated to be released by the end of 2008 (no promises for the holidays, sorry.) We are taking advance orders (see the insert with this newsletter), and will ship them as soon as they are complete.

The price for the English or Spanish edition is $15 (poor country price: $3.00) plus shipping.

The photos on this page are a preview of the show.

End Matter

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This issue was created by:
David Werner — Writing and Photos
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—Paulo Freire